Frida y la superación

Hace poco vi la película, que protagoniza Salma Hayek, sobre la vida de Frida Kahlo. No tenía muy claro que iba a ver, era parte de un ciclo de películas en versión original sobre mujeres, y me picó la curiosidad.

Teniendo en cuenta eso, y que lo único que sabía de Frida Kahlo es que era pintora y mexicana, lo que vi el otro día me impresionó. La fuerza de esa mujer me impresionó. Como a pesar de que el infortunio se ceba con ella en cuestiones de salud sobre todo, sigue adelante y hace lo que quiere: pintar.

Y es que no hundirse en la miseria cuando tu vida se ve truncada por un accidente, por una enfermedad, por una mala relación, es algo que exige mucha fuerza de voluntad. Y encontrar algo que te ayude a superar el bache.

A Frida Kahlo le ayudó la pintura. En ella muestra su dolor y probablemente si no has vivido algo como lo que vivió ella, nunca acabarás de entender lo que quiere decir con sus obras. Yo no las entiendo. Pero para ella eran su vida, probablemente su tabla de salvación.

Todo el mundo tiene una tabla de salvación, todo el mundo puede superar un bache, sólo hay que saber que se puede, y encontrar cómo hacerlo.

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¡Qué complicado es el castellano!

No te imaginas nunca lo complicada que puede resultar una de tus lenguas maternas hasta que lo hablas con alguien que lo está aprendiendo. Y eso me pasa con el castellano.

Como persona bilingüe tengo la ventaja y el inconveniente de hablar dos idiomas a diario. Entre las ventajas, que la mente está preparada para aprender otros idiomas (en mi caso dos más y siempre pensando en aumentar el número). Entre los inconvenientes, y viviendo en una sociedad también bilingüe, que no acabas de hablar bien ninguno de los dos idiomas: la cantidad de castellanadas que suelto en mallorquín y de mallorquinadas que suelto en castellano es innumerable.

Esto no supondría mayor problema si no fuera porque últimamente me comunico con mucha gente no hispanoparlante, que está introduciéndose en el maravilloso mundo del castellano, o español, como se quiera llamar. En los momentos en que estoy hablando con ellos, o les escribo, me surgen multitud de dudas que probablemente no me surgían desde mi época escolar. Se usa le o lo, se pone de que o sólo que, esto lleva acento aquí o no,…. Cuando escribo una entrada en el blog también me surgen, pero tengo tiempo de mirar la página web de la RAE y de corregirlo con posterioridad si me doy cuenta de lo que he escrito.

La de veces que no sé si he dicho un “de ” de menos en una frase, todo porque me suena fatal el dequeísmo, y de tanto evitarlo entro en el antidequeísmo comiéndome preposiciones a diestro y siniestro. Que tan mal dicho está “pienso de que” cómo “estoy segura que” , aunque para mí el primero suena muy, pero que muy mal.

Y tres cuartos de lo mismo me sucede con el leísmo, el laísmo y el loísmo. Menudas discusiones internas tengo como se me ocurra pensar si tengo que usar le o lo. La teoría está bien clara: si es complemento directo se usa lo, si es indirecto entonces se usa le. Pero si fuera tan fácil no les habrían puesto nombre a los errores de uso. A ver quien se pone a analizar una frase en medio de una conversación y decidir si lo que vas a decir es un complemento directo o uno indirecto, sobre todo con verbos como “ver” que con personas utiliza “veo a alguien” , y con cosas “veo algo”, complicándolo todo de mala manera.

Por suerte, no tengo problemas con la b y la v, porque en mallorquín las diferenciamos hablando, y hago lo mismo en castellano, con lo que juego con ventaja. Pero esa misma condición de bilingüe, como he dicho antes, me mete en algún lío con la utilización de los verbos “ir” y “venir” que uso a mi libre albedrío, como cualquier mallorquín que se precie. Tanto me da decir “ahora voy” como “ahora vengo”, o decir tranquilamente “mañana vendré a tu casa”. Y por supuesto, lo mismo pasa con “traer” y “llevar”, usados indistintamente, según el humor con el que me levante. Pero claro, hasta que no hablas con alguien de fuera, que te mira con cara rara si le dices lo de “mañana vendré a tu casa”, no te das cuenta de que no estás usando el verbo correcto.

Lo dicho, que hablar castellano es de lo más complicado. Y eso sin entrar los “por qué – porque – porqué”, los tiempos verbales, los verbos irregulares, o reglas que me quedaron grabadas a fuego como “a menudo y en seguida no los juntes en tu vida”

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Encuentros inesperados. Puntos de inflexión

Hace tiempo que tenía en mente escribir algo sobre este tema. Encontrar a alguien que por casualidad, que por una razón o por otra, acaba siendo parte importante de tu vida. Y no me refiero únicamente a que resulte tu pareja ideal o algo por estilo. Si no que esa persona, o simplemente ese encuentro inesperado, derive en un punto de inflexión.

Nunca sabes cuándo va a pasar, o simplemente si va a pasar. O incluso, puede que pase y no te des cuenta hasta tiempo después. Pero todo el mundo ha pasado por eso. Una persona, un comentario, una situación que hacen que te plantees algo, que tomes un camino en vez de otro. Puede ser de manera consciente o inconsciente, puede ser un tránsito largo y duro, o algo de lo que te das cuenta de repente. Pero pasa.

Y es algo que no planeas. No dices: hoy voy a conocer a alguien que me haga plantearme cosas. Ocurre algo, y tarde o temprano caes en la cuenta de que has tomado un rumbo diferente del que tenías pensado. Para bien o para mal, eso tampoco se sabe. Aunque siempre se espera que sea para mejor.

Porque la vida es eso, una serie de encuentros inesperados que te llevan a puntos de inflexión. Lo quieras o no. Te des cuenta o no.

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Aprender a identificar emociones

Desde hace algunos años, bastantes diría yo, tengo cierto interés por los temas relacionados con la psicología. En la universidad ya hice algún curso introductorio como asignatura de libre elección, y últimamente entre lo que puedo aprender en mi trabajo y lo que busco por internet, parte del mundo de la psicología se ha incorporado a mis conocimientos: PNL, inteligencia emocional, coaching…

Una de las cosas que me llama la atención és la identificación de emociones. Yo admito que tengo problemas para poner nombre a las cosas que siento. La respuesta fácil a “cómo estás?” es bien o mal, pero no todo es blanco o negro, existen multitud de matices. Y esos matices son los que resultan algo difícil de identificar. Cuál es la diferencia entre decepcionado y frustado? y entre feliz y contento?

Por esa razón decidí buscar información en internet o algún libro sobre el tema. Y buscando, buscando, encontré. Es lo que tiene buscar, que si buscas, encuentras. Eso sí, casi todo orientado a niños. Y es que lo mejor es aprender a identificar las emociones cuando eres un niño, porque de mayor todo cuesta un poco más.

De entre lo que me encontré por la web, me gustaría recomendar algo que se llama “Emocionario“. Se trata de un libro en el que se describen 42 emociones, todas con un texto y un dibujo. Cada una de ellas está encadenada de alguna manera a la siguiente. Ternura, amor, odio, ira… Además, en la web tienen fichas para trabajar con cada una de las emociones. Está orientado a niños, pero ya os digo yo que algunos de los ejercicios de las fichas (por supuesto que les he echado un vistazo) no resultan nada fáciles para un adulto. Y no sólo eso, yo creo que, aunque algunos no lo reconozcan, siempre va bien coger un libro para niños y aprender de ellos. Y si no, a ver quién es capaz de describir todas estas emociones sin ayuda:

1)       Ternura
2)       Amor
3)       Odio
4)       Ira
5)       Irritación
6)       Tensión
7)       Alivio
8)       Serenidad
9)       Felicidad
10)     Alegría
11)     Tristeza
12)     Compasión
13)     Remordimiento
14)     Culpa
15)     Vergüenza
16)     Inseguridad
17)     Timidez
18)     Confusión
19)     Miedo
20)     Asombro
21)     Asco
22)     Hostilidad
23)     Aceptación
24)     Incomprensión
25)     Desamparo
26)     Soledad
27)     Nostalgia
28)     Melancolía
29)     Aburrimiento
30)     Ilusión
31)     Entusiasmo
32)     Euforia
33)     Desaliento
34)     Decepción
35)     Frustración
36)     Admiración
37)     Celos
38)     Deseo
39)     Satisfacción
40)     Orgullo
41)     Placer
42)     Gratitud

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De libros, títulos y autores

Estaba yo el otro día echada sobre un puf, con música de relajación de fondo y mirando de manera distraída los libros que hay en la estantería. De repente, y como resultado de un cruce de cables sin sentido, me pongo a pensar en lo curioso de los lomos de los libros, única parte visible desde mi perspectiva.

Pensé durante un buen rato, e incluso llegué a una conclusión. Existen tres tipos de libros según lo que muestra su lomo:

-Tipo número uno. Tanto monta, monta tanto

Es decir, título y autor tienen un tamaño y tipo de letra similar, y se diferencian, quizás, por el color. Con esto se da a entender que tan importante es el libro como su autor. Que no sobresale uno por encima del otro.  Puede tratarse de obras muy conocidas de escritores también famosos, con lo que no resulta necesario resaltar una de las dos cosas para venderlo. Por ejemplo, el ejemplar de Los miserables de Victor Hugo que tengo en mi estantería pertenece a esta categoría, así como toda la colección del Capitán Alatriste, de Pérez Reverte.

-Tipo número dos. Yo quiero uno de este autor

Resulta curioso cómo, en algunos libros, el título es lo de menos y el autor lo de más. Nombres de escritores puestos en grandes letras que desplazan al título, dejandolo reducido a la mínima expresión. La gente sabe que tal o cual escritor vende, que le gusta cómo escribe, pues nos compraremos un libro para ver qué tal. De estos libros “de autor” tengo varios, pero quiero destacar los de Agatha Christie y dos de Alfred Hitchcock (que sí, que también escribió algún libro). Dado lo prolífico de la primera, y del renombre artísitico del segundo, se entiende que den prioridad a los autores sobre los títulos de las obras

-Tipo número tres. Quiero ese libro

Salvo los fans del Señor de los anillos, cuánta gente sabía cuando se hizo la película que el escritor era J.R.R. Tolkien? Y cuántos que el nombre de la autora de Harry Potter es J.K. Rowling? Pues ahí tenemos la explicación de la existencia de este tipo número tres. Lo importante es el libro, incluso el título del libro, pero no quien lo ha escrito. Títulos en letras enormes, de colores llamativos, que relegan a un segundo plano a quien creó la ficción con el sudor de su frente. Sin un estudio serio detrás, me atrevería a decir que esta categoría se da cuando la gente ha visto la película. Los dos casos anteriores son un buen ejemplo, y mis ejemplares de Carrie y de El resplandor, ambos de Stephen King, también.

Probablemente existan más tipos de lomos de libro, dependiendo de la encuadernación, de si son de bolsillo o de tapa dura, … ya me iré fijando en mis ratos de asueto, y luego lo escribiré :D

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