Cosas que me exasperan. Los que salpican agua en la piscina como si no hubiera un mañana

Llamadme tiquismiquis, pero me pone de los nervios estar nadando o haciendo ejercicios en el agua, y que la persona que nada a tu lado mueva más agua que una ballena pegando un salto en medio del océano.

Y es que los hay que se creen que la piscina es suya y salpican agua a discreción. O a lo mejor se emocionan tanto que nadan como si fueran a ganar un oro olímpico y mueven agua cual submarino emergiendo. O se piensan que son una lancha fueraborda atravesando el estrecho.

Pero resulta que en una piscina pública, dónde a veces hay 3 o más personas compartiendo carril, pocas cosas hay más molestas que nadar crol y que el agua que mueve el resto no te deje respirar. O nadar espalda y que te vayan echando agua en la cara como si fuera un programa de tortura china. Bueno, sí, que alguien se crea que el carril es suyo y nade sin mirar si hay alguien más en su línea de nado.

Entiendo que si eres Michael Phelps o Mireia Belmonte te importe un bledo salpicar y mover agua, molestando a los de al lado (básicamente porque esa es la idea de ir primero, que el resto no te molesten), pero, aunque algunos quieran, no vivimos en una competición continua y hay que compartir el poco espacio que tenemos disponible. Eso, o te vas en medio del mar y nadas como te de la gana, que ahí solo tendrás problemas con los yates y los pececillos.

Mientras tanto, sería de agradecer que la gente en general tuviera en cuenta que no están solos en la piscina y que algunos queremos disfrutar de nuestro tiempo en remojo.

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Reflexiones desde el hospital

 

Son la 1 y cuarto de la madrugada y estoy en una habitación de un hospital cuidando a mi padre, que tanto puede recuperarse como no. Y eso te hace pensar mucho.

Por una parte, ratifico mi idea de que yo quiero morir rápido, sin darme cuenta, si es posible. Sufrir por sufrir es tontería. Quizás es algo a plantearse a nivel personal y general. Por qué no lo permiten?

Por otra parte, parece mentira que la cabeza y el corazón se nieguen a admitir lo que en el fondo es ley de vida. Que tus padres, por mucho que los quieras, acabarán sus vidas en cualquier momento. Los has tenido siempre ahí y parecen eternos e invencibles, pero no lo son. Son personas, como las demás.

Y para acabar, me planteo la injusticia de la falta de conciliación en el trabajo. Cómo te pueden dar 3 días por enfermedad grave de un familiar? Si es grave, en 3 días no está la cosa arreglada. Conozco a más de dos que, o dejan el trabajo, o contratan a alguien para  cuidar de la persona enferma.

Lo dicho,  que una noche en blanco da para pensar mucho.

 

11 de abril: Día mundial del parkinson

Hoy es el día mundial del parkinson, y toca concienciar al mundo de lo que es esta enfermedad. Una enfermedad neurodegenerativa que afecta a unas 3 de cada 1000 personas.

Hace tiempo que la conozco. Primero por una tía de mi padre, ahora por mi padre. Y ahora es cuando me he dedicado a buscar información.

Cuando le diagnosticaron parkinson a mi padre nadie nos dijo lo que podía pasar. Por lo general, la gente asocia parkinson con temblor. Y sí, pero no. Porque el temblor es solo uno de sus múltiples síntomas: falta de olfato, rigidez, problemas para comer, para hablar, deterioro cognitivo, alucinaciones,…

Como en todo, no tienes porque sufrir todas y cada una de las afecciones relacionadas. Y como todo, a lo mejor la enfermedad te deja llevar una vida normal durante mucho tiempo. Un buen ejemplo es Michael J. Fox, una de las caras visibles del parkinson, diagnosticado a los 30 y pocos años.

Porque algo que tampoco se conoce por la gente en general es que no tienes porque ser viejo para tener parkinson. O que en un 10% de los casos es algo hereditario, pero en el resto no tienen ni idea de porqué se tiene…

En conclusión, que a la gente le suena el nombre, pero falta información. Por eso existen estos días. Y por eso he escrito esta entrada

Microrrelatos

La carta

“Usted es el primero que la abre.”  Dijo el hombrecillo  “Nadie había conseguido abrirla. Ahora la caja y su contenido le pertenecen. Pero piense que ser su dueño conlleva un gran peligro”

Carlos no podía creérselo. Él se había parado en el puesto de la feria por curiosidad. Abrió la caja porque le parecía divertido. Incluso la carta que había dentro le pareció parte del juego. Pero ahora, 20 años después, estaba asustado. La carta se seguía cumpliendo. Se acercaba la última línea.

Solo había una manera de quitarse de encima la maldición: “Señores, ¿quién quiere abrir esta caja que no ha abierto nadie? ¿Quién se atreve?”

 
La despedida

Inmediatamente pedí que cerraran la tapa del ataúd. No podía soportar verle la cara.

Tantos años juntos, soportándonos, queriéndonos, odiándonos. Y ahora estaba ahí, inerte, y con tantas cosas pendientes entre los dos. Cosas que ya no se resolverían.

No, no podía verle la cara sabiendo que no volvería a verla nunca más, que no volvería a hablar con él.

Nunca me han gustado las despedidas, y ésta era definitiva.