Cantabria, un tierra para visitar

La semana pasada tuve el gran placer de visitar Cantabria. Qué cantidad de montañas, cuánto verde, cuantas vacas, que paisajes tan maravillosos, que pueblos más tranquilos… en resumen: una maravilla.
Por primera vez desde hace años fui a un viaje sin informarme concienzudamente de lo que iba a ver. Al ir con un viaje organizado preferí esperar a encontrarme en el sitio para sorprenderme, y me vi gratamente sorprendida. Además tenía la ventaja de viajar sola, por lo que en cada lugar al que íbamos disfrutaba plenamente de la visita, sin menospreciar la compañía del resto de viajeros, claro 😀 Por cierto, compañeros de viaje ocasionales que resultaron muy agradables, y que hicieron muy amenos los momentos de las comidas en el hotel y algunos paseos por las zonas visitadas.

Pero creo que lo mejor será contar de forma resumida lo que fue el viaje:

Primer día: Tras un vuelo perfecto, con tiempo despejado y toda una fila de asientos para mí sola, llegamos al aeropuerto de Bilbao. Primera sorpresa del viaje: sales del avión, te encuentras en seguida las cintas con las maletas, y al salir por la puerta ya estás fuera!!!! Y el autocar esperando. Se presenta la guía, Esther, y nos presenta al conductor, Rosendo (dignos de mención porque nos hicieron el viaje más agradable si cabe :D) Cada uno a su asiento y caminito a Bilbao, primera visita del programa. Poco más que decir que : alucinante!!! De camino ya empiezo a ver montañas y mucho verde, y no digamos la zona del Guggenheim Maravilloso, me encantó 😀 En ese momento decidí que tengo que volver para pasar un fin de semana, por lo menos. El primer día acaba llegando al pueblo donde estuvimos alojados, Santa Cruz de Bezana, pueblo por donde pasa el Camino de Santiago del Norte

Segundo día: A por los sobaos!!!! La primera visita fue al Valle del Pas, exactamente al pueblo de Vega del Pas. Fue una visita interesante, un pueblecito pequeño en medio de la montaña, precioso, donde nos enseñaron la historia y el modo de vida de los pasiegos. Menudos eran los pasiegos… y menudos son, el pueblo queda aislado en invierno y el día que fuimos no superamos los 6 grados! Por la tarde tocó una visita algo más turística, Santillana del Mar, que por raro que parezca no está al lado del mar 😛 Santillana es un pequeño pueblo declarado bien de interés artístico-cultural. Son tres calles, con casas de piedra, y coronadas por una colegiata románica digna de admiración. Ah, se me olvidaba! Tuvimos la primera visita a la playa, la Playa de la Virgen del Mar. Una pequeña playita con una ermita, donde descubrimos lo que es el viento del norte en el cantábrico.

Tercer día: Es del día de la historia y la naturaleza. No hay nada más impresionante que ver el nacimiento de un río, y si éste es el Ebro, no hay palabras. Un pequeño lago, en medio de un bosque, que a lo largo de quilómetros se transforma en el río más caudaloso de la península. En Fontibre se respira tranquilidad (tanta que ni la posada estaba abierta) y dan ganas de quedarse y olvidarse del mundanal ruido. Para desintoxicarnos de tanta belleza bajamos hacia Reinosa y hacia su vecina Julióbriga, antigua ciudad romana en la que se pueden visitar sus restos: el foro, el barrio pobre, el palacio, la casa señorial… y una reproducción de una de sus casas. Lo que hubiese dado por vivir en esa época y poder pasarme el día en el triclínium, saboreando manjares dignos de tribunos ( y ser hombre, claro, porque las mujeres no tenían derecho a usar el triclinium 😦 ) A lo largo del día, la guía y el conductor nos sorprenden con varias visitas no programadas: la iglesia románica de Villacantid y la visita al Castillo de Argüeso, un castillo medieval restaurado hace algunos años que impresiona su majestuosidad labrada en piedra y madera. Para acabar, y para aprovechar un día totalmente despejado, nuestro estimado chófer nos devuelve al hotel subiendo al puerto del escudo, habitualmente cerrado por la niebla.

Cuarto día: esta vez toca el Valle de Cabuérniga y uno de los pueblecitos más adorables que haya visto en mi vida: Bárcena Mayor. Perdido en el monte, aislado en invierno por las nieves, con un río y un bosque que parece sacado de un cuento, Bárcena mayor está habitado por 17 personas. Os lo recomiendo para ir a pasar una semanita en verano, para desestresarse y disfrutar del contacto con la naturaleza. Y por la tarde, por fin vemos el mar. Primero una breve visita a Comillas y sus espectaculares edificios modernistas. A destacar el Capricho de Gaudí. Lástima que sea un restaurante japonés y no se pueda visitar por dentro. Y segundo, a San Vicente de Barquera, una villa marinera por excelencia, en la que el viento del norte nos enseñó su peor cara. Tendré que volver cuando no haga viento.

Quinto día: la palabra es impresionante!!! Si las montañas y valles de los días anteriores eran dignos de mención y admiración, el desfiladero de la Hermida, Potes y Fuente Dé son un mundo a parte. Dos horas de autocar siguiendo el río Deva entre unas montañas tan altas que hacen que te sientas insignificante. Montañas que desembocan en un valle de clima mediterráneo en plenos Picos de Europa, y que dan paso a la subida en telesférico más impresionante de mi vida (y la única por ahora :D) En Fuente Dé, tanto en la subida con la cabina, como en la cumbre, disfrutas de la grandeza de la naturalza, de unas montañas que no podrán sucumbir nunca a la mano del hombre, salvo en pequeñas cosas como pueblecitos o el mismo telesférico. El hecho de vivir en una isla donde el pico más alto está sobre los 1400 metros, hace que verse rodeado de montañas de más de 2000 metros te deje maravillado, extasiado, y con ganas de no volver nunca a la vida real. Pero había que volver, así que el día acabó en Santader con una visita a la parte comercial, y un buen chuletón de vaca tudanca para cenar, que no está mal para acabar el día.

Sexto y último día: Teníamos la mañana para ver la zona costera de Santader. Eso incluye la península de la Magdalena, la playa del Sardinero y el Cabo Mayor. Recomiendo encarecidamente un paseo por esa zona de Santander. Es precioso. La grandeza del palacio al lado del mar, las mareas que transforman las playas a su capricho, y un faro que desafía los vientos y las galernas cántabras.

Y hasta ahí el viaje, una vuelta en avión tranquila y despejada, que me volvió a permitir disfrutar de los paisajes de la península, fue el broche de oro a este viaje que repetiría sin ninguna duda.

Aquí os dejo el enlace a algunas fotos

cantabria 2009
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5 comentarios en “Cantabria, un tierra para visitar

  1. Hola Marga! Soy Josefina y me ha gustado mucho el resumen, vaya memoria que tienes, ¿como te has podido acordar de todo? ¿hacias chuletas? jajaj
    Las fotos muy chulas, yo también tengo muchas parecidas.
    Un abrazo, ya nos veremos!

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  2. Nooooooo!!!! a donde hay que ir es a ASTURIAAAAS!!! Hacedme caaaso! que eso es una chufa comparao con el Paraiso Natural, válgame diooooooos!!!

    Saludines, Shen, tirando pa’ casa 😛

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  3. que siiiiiiiiiiiiii, que hay que ir a Asturias, y te prometo que voy a ir.

    Pero digo yo…. cómo quieres que vea que Asturias es más bonito que Cantabria si no voy a los dos sitios? eh? qué me dices?

    feliz vuelta 😀

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