Agora. Una peli para pensar

Acabo de venir del cine, de ver Ágora, y he vuelto indignada. No porque no me haya gustado la película, que me ha encantado, si no porque todo lo que he visto, todo lo que cuenta, se puede ver hoy en día. Y me indigna que haya gente que haya evolucionado tan poco.
Desde que hace meses vi el trailer de la película decidí que tenía que verla. No me he perdido ni una sola película de Amenábar, y sabía que esta no me iba a defraudar. Cuando me enteré que la protagonista era Hipatia, una mujer que destacó como filósofa y matemática, mi interés creció exponencialmente. No tenía más remedio que ir a verla.
Y esta tarde, que se presentaba como una tarde de domingo otoñal delante de la tele, he pensado que era un buen momento para satisfacer mi curiosidad. Me he abrigado (es una tarde otoñal y ventosa, para ser más concretos) y he partido hacia el Renoir. Cuando voy sola al cine aprovecho para ver las películas en versión original, y esta no iba a ser menos.
Pero a lo que iba, a la película. No sólo es una película sobre la vida de una gran filósofa, si no sobre lo que las creencias exacerbadas, sobre lo que los integrismos incontrolados, pueden hacer. Cómo puede alguien matar por sus ideas? cómo puede alguien destrozar vidas, ciencia, … simplemente porque no está de acuerdo con sus creencias? En Alejandría empezaron los romanos cargando sobre los cristianos, luego los cristianos sobre los primeros, matando y destrozando la biblioteca de Alejandría. No contentos con ello, exterminan a los judios y usan la fuerza bruta para imponer sus ideas: asesinatos, lapidaciones y demás esperpentos creados por la mente humana. Y hacer desaparecer a las mujeres con ideas propias entra en esa lista.
Y eso era el siglo IV, pero a que suena? No importa irse muy lejos en el tiempo para ver cosas parecidas. Contínuamente me llegan correos de Amnistía Internacional pidiendo que se paren las lapidaciones de mujeres. Día sí y día también vemos noticias sobre atentados suicidas en nombre de dios. Hace dos días aparecía Radovan Karadžic en el tribunal penal internacional como si no hubiera roto un plato en su vida, cuando está acusado de genocidio contra musulmanes y crotas. Y en Afganistán las mujeres son simples fantasmas en manos de integristas.
Simplemente no entiendo porque hay gente que no evoluciona, acaso el poder tiene tanta fuerza? supongo que sí. Tenía fuerza hace 20 siglos y tiene fuerza ahora.
Pero me voy a quedar con lo bueno de la película. Que siempre hay alguien que es capaz de luchar por sus ideas de manera pacífica. Que somos un simple punto en el infinito, un simple punto que da vueltas y que, hagamos lo que hagamos, seguiremos siendo sólo eso, un punto insignificante.
Y que la película es buena y que hace pensar.
Enhorabuena, Amenábar.

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