Soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma (Invictus)

Acabo de ver la última película dirigida por Eastwood, Invictus. Una película que nos muestra el gran espíritu de superación de Mandela y cómo era capaz de contagiarlo a los que le rodeaban. Una película que vale la pena ver y que demuestra que lo que a veces parece imposible no siempre lo es.

El ver que hay momentos en que la constancia, y el querer conseguir algo y luchar por ello, tiene sus frutos, anima a cualquiera. Además, la historia de Mandela es digna de la admiración de todo el mundo. Igual que dice el capitán del equipo de rugby: “Cómo un hombre que ha estado encerrado 40 años, sale y perdona a todos los que le hicieron eso?” Da mucho que pensar.

Y para seguir pensando, el poema que mantuvo cuerdo a Mandela durante su encierro,Invictus, cuyos dos últimos versos usa Eastwood para cerrar la película, y yo para titular el post. Invictus es un poema de William Ernest Henley que probabemente casi nadie conocía antes de la película, pero que es de los más profundos que he leído en mi vida. Os lo regalo
Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find, me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll.
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

_________________________________________________________

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me econtrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

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