Cosas que me exasperan: el machismo

Pocas cosas me sacan tanto de quicio como un comentario o una actitud machista. Oir o ver según qué cosas saca la feminista radical que duerme en mí, y soy prácticamente incapaz de callarme.
Y es que la prepotencia de algunos hombres sobre las mujeres, así, porque sí, me supera. Por qué un hombre tiene que predominar, o ser mejor, o no hacer algo, por el simple hecho de ser un hombre? Pues no
Admito que hombres y mujeres, por lo general, no piensan igual y no actúan igual. Algo tiene que ver la composición del cerebro, pero la educación y muchísimos años de tópicos y predominio de hombres ( y alguna mujer, no lo niego) incapacitados para el pensamiento racional han hecho que soltar un comentario machista en petit comité sea incluso bien visto y reído.
Llevo media vida estudiando y trabajando con hombres que llega un momento que me ignoran como mujer, y pueden llegar a soltar la primera barbaridad que se les pasa por la cabeza. He llegado a sentir vegüenza ajena oyendo algunos comentarios, y me he mordido la lengua alguna que otra vez porque el que lo decía era un jefe.
Que se refieran a una mujer de manera despectiva, comparandola con animales o llamarla “hembra”, como simple objeto sexual, me hierve la sangre. Y como oiga a alguien decirlo, y encima presumir de ello, que sepa que se condena de por vida. Son cosas que me resulta difícil olvidar.
O simplemente, ver que en una cena alguien se dedica a dar órdenes a su mujer en plan: trae esto, haz esto otro, y no se digna a levantarse y a ayudar. O que considere que no necesita trabajar, que para eso está él. Esa actitud me duele, pero tanto la de él, como la de ella, dejandose avasallar.
Caso a parte están los comentarios machistas tipo Cañete, que en plena campaña electoral se lució y la cagó. Pero en el día a día, pensar en la mujer como un simple objeto, hacerla de menos o pensar que el cuidado de la casa y de los hijos es terreno suyo, por desgracia son actitudes que están a la orden del día. Y a mí esas actitudes me exasperan.
Y la verdad, yo creo que lo que hay es miedo. Sí, miedo a perder la hegemonia que en general se creen tener. Miedo a ser menos de lo son. Miedo a que, en igualdad de condiciones salgan perdiendo. Ya lo dicen, dime de que presumes y te diré de que careces.

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