Reflexionando

Aunque ahora este blog tenga mucho de reflexiones, psicología y cosas parecidas, cuando lo empecé hace ya más de 5 años, mi idea era adornarlo con fotos de las excursiones que quería hacer, a parte de otras muchas cosas. De hecho, el subtítulo era algo así como Excursiones, manías y mil cosas que contar.  Pero las circunstancias no han propiciado que me adentrara en el mundo de las excursiones. Una lesión tras otra en las piernas, junto con una lenta recuperación de las mismas, no me permiten disfrutar como quisiera del campo y la montaña. A días, ni siquiera me han permitido disfrutar de un paseo por la ciudad.

Hace unos días, un buen amigo me preguntó si me recuperaría algún día. Yo quiero creer que sí. Que algún día dejaré de lesionarme cuando me acabo de recuperar de la lesión anterior, que volveré a poder pasear tranquilamente sin estar pendiente de que el dolor no me permita seguir, que podré ir a clase de baile sin protecciones y sabiendo que al día siguiente como mucho tendré agujetas, que podré nadar lo que quiera hasta que me canse, que podré plantearme ir a la montaña y solo preocuparme de parar si estoy cansada…

Pero una cosa es lo que quiero creer, y otra lo que hay. Y lo que hay son unas tobilleras, una muñequera y una rodillera en el bolso para tenerlas siempre a mano,  miedo a hacerme daño con cualquier movimiento, un antiinflamatorio antes de ir según donde por si hay que andar… Lo que hay es dejar de quedar con la gente porque no puedo ir a su ritmo, es estar cansada de dar excusas y de quejarme, es sentirme mal y avergonzada cuando vuelvo a hacerme daño o cuando me preguntan,…

Lo que no hay es una solución médica, una explicación convincente. Me he paseado por traumatólogos, rehabilitadores, y reumatólogos varios. Lo único que he sacado en claro es que tengo algo llamado síndrome de hiperlaxitud, que es un síndrome, no una enfermedad, y por tanto la única solución que tiene es tener paciencia y aguantarse. Aprender a vivir con ello, y ser consciente de que para algunos médicos no existe y que para otros acabará por saberse cómo arreglarlo.

Aunque a veces resulta muy difícil. A veces dan ganas de tirar la toalla. Pero he decidido no hacerlo por ahora, no darme por vencida. Todavía me quedan muchas cosas por vivir, y quiero hacerlo lo mejor posible.

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