Mindfulness o cómo disfrutar de lo que comes

El otro día, escuchando la radio, oí a una invitada hablar del mindfulness. No era la primera vez que oía hablar de eso.  Consiste, simple y llanamente, en ser totalmente consciente de lo que estás haciendo.

Tan simple y tan llano, que es una de las cosas más difíciles que he intentado hacer últimamente.

La cuestión, que esta mujer (siento no recordar el nombre) comentó que una buena manera de empezar con el mindfulness era disfrutando de la comida. Paladeando lo que comes, y sintiendo cada uno de los sabores.  Y teniendo en cuenta que comemos cada día, y varias veces, coincidí con ella en que puede ser un buen comienzo.

Aprovechando que la mayoría de veces como sola, y que últimamente parece que me persiguen cuando lo hago, anoche tomé la decisión de probar de disfrutar de la cena, siendo totalmente consciente de lo que hacía y de lo que comía.

Lo primero, nada de distracciones. En mi caso no había tele, pero muchas veces pongo la radio, o miro el móvil. Así que radio apagada, móvil lejos, y mente preparada para no admitir distracciones tontas, o por lo menos para probarlo.

Lo segundo, y aunque no sé si entra en la idea de mindfulness, crear un ambiente agradable, sentada cómodamente en la mesa, con todo lo necesario, y con una presentación bonita del plato , ya que estamos. Si me pongo, me pongo, y si hay que poner a tono las sensaciones, que el sentido de la vista también colabore.

Tercero y último, disfrutar cada bocado. Mantener la comida en la boca el tiempo suficiente para masticar bien (algo totalmente recomendable, por otra parte) y para ir descubriendo texturas y sabores. En mi caso, disfrutaba de un ají de gallina, gentileza de un buen amigo, y pude diferenciar la textura del arroz, de la carne, de la cebolla, y disfruté del punto pincante del ají y del sabor que le daba el queso.

En conclusión, que pasé un rato concentrada en lo que hacía, sin pensar en otras cosas y disfrutando de un plato delicioso. De todas maneras, admito que cuesta lo suyo concentrarse así constantemente, así que esto hay que hacerlo sin estresarse, y cogiendo práctica. De todas maneras, quizás disfrutar siendo totalmente consciente de la comida es algo más fácil que concentrarse en otras cosas, por ejemplo, en andar o en las sensaciones de ir en autobús. Aunque al final, todo es ponerse.

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