Deseo concedido? No, deseo conseguido

Anoche estuve celebrando la víspera de San Juan en la playa, junto con muchas más personas. Ahí estábamos, pasando un buen rato en la playa, charlando junto a una hoguera de la que se sacaban las brasas para torrar la cena.

De repente, a las doce, la gente empezó a comportarse de modo extraño. Se acercaban a la hoguera y tiraban un papelito. Por lo visto, eran deseos que querían que se cumpliesen. Mientras tanto, una legión de personas se metía al agua. Me acerqué a la orilla, a disfrutar de la sensación del agua del mar, y me preguntaron: “ya has pedido tu deseo?”

Pues no. Ni lo había pedido, ni lo pedí.

Llamadme incrédula, pero nunca he creído que se cumpla un deseo por el hecho de escribirlo en un papelito y quemarlo, o por meterte en el agua la noche de San Juan. Los deseos no se cumplen por arte de magia. Los deseos hay que trabajarlos.  No existen hadas madrinas, ni genios de la lámpara. Ni siquiera un malvado diablo a quien venderle el alma.

Es totalmente comprensible que se tengan deseos. Pero cuando se quiere algo, se debe luchar por ello. No puedes esperar que alguien te solucione un problema, o te caiga una lluvia de millones , o aparezca un príncipe azul. Debes hacer lo posible, incluso lo imposible, para que pase.

Los deseos no se conceden, se consiguen

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