Malditas hormonas

Iba a titular esta entrada como “me cago en las putas hormonas de mierda” pero parece que éstas se han tomado un descanso entre que he decidido escribir el post y me he puesto a ello.

Y es que hay momentos en los que las malditas hormonas se alían para fastidiar el día.

Estás tan tranquila y de repente te entran ganas de llorar por una nimiedad. Quieres encogerte y desaparecer, y no tienes muy claro el motivo. Piensas en quien no tienes porque pensar, y te entra la flojera. De dicen algo fuera de tono, y en vez de respirar sueltas alguna impertinencia. Miras el calendario y ahí está, los días mágicos: o te va a venir la regla, o estás ovulando. Las hormonas han decidido campar a sus anchas.

Y ya puedes darles la culpa de lo que te pasa, que de todas maneras así no arreglarás nada. Mi teoría es que las puñeteras lo único que hacen es exacerbar lo que sea que tengas. Si tienes un día un poquito así, consiguen que sea un día penoso. Si sientes algo, lo sientes elevado a la enésima potencia. Y las glándulas lacrimales generan agua de sobra, que tiene que salir por algún lado.

Lo que me da más rabia es que, siendo algo propio, no pueda tenerlo controlado. Que me deje llevar por sus tejemanejes, que en el fondo son míos, porque las hormonas están en mí. Supongo que es cuestión de identificarlo y actuar en consecuencia, porque hasta donde yo sé, con las malditas hormonas no se puede mantener una conversación civilizada

 

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