Microrrelatos

La carta

“Usted es el primero que la abre.”  Dijo el hombrecillo  “Nadie había conseguido abrirla. Ahora la caja y su contenido le pertenecen. Pero piense que ser su dueño conlleva un gran peligro”

Carlos no podía creérselo. Él se había parado en el puesto de la feria por curiosidad. Abrió la caja porque le parecía divertido. Incluso la carta que había dentro le pareció parte del juego. Pero ahora, 20 años después, estaba asustado. La carta se seguía cumpliendo. Se acercaba la última línea.

Solo había una manera de quitarse de encima la maldición: “Señores, ¿quién quiere abrir esta caja que no ha abierto nadie? ¿Quién se atreve?”

 
La despedida

Inmediatamente pedí que cerraran la tapa del ataúd. No podía soportar verle la cara.

Tantos años juntos, soportándonos, queriéndonos, odiándonos. Y ahora estaba ahí, inerte, y con tantas cosas pendientes entre los dos. Cosas que ya no se resolverían.

No, no podía verle la cara sabiendo que no volvería a verla nunca más, que no volvería a hablar con él.

Nunca me han gustado las despedidas, y ésta era definitiva.

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