Cosas que me exasperan: los que hablan alto en los conciertos

Los hay que son como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. En este caso, ni escuchan ni dejan escuchar.

Ayer fue el día de la música, y llevé a mis padres a un concierto que se celebró en el Paseo del Borne: Concha Buika con la Sinfónica. Lo que canta esta mujer no es santo de mi devoción, pero tengo que admitir que canta bien y a mis padres sí que les gusta, así que fui con la mente abierta a disfrutar de un rato de buena música.

Pues lo de disfrutar de un rato de buena música fue casi imposible. La zona de cerca del escenario estaba bastante llena y el sonido era bastante mediocre. Y encima había gente que no paraba de hablar. Pero no en voz baja, respetando la música, si no a gritos, riendo y pasando de todo.

Que digo yo,  si no te interesa lo que está sonando, para qué estás cerca del escenario y molestando a los que intentan escuchar algo? Porque entiendo que hables a gritos cuando los decibelios superan con mucho lo normal (llámese concierto de trash metal, por ejemplo), pero cuando difícilmente se oye a toda una sinfónica, cállate un ratito o habla más bajo si no hay más remedio que hablar. Y si simplemente pasas de la música o no te gusta, vete a otro sito a hacer tertulia.

Pero no, hay gente que va por la vida sin tener en consideración al resto del mundo. Y así nos va. Justo delante de mí, una pareja de personas mayores pidió a un grupo de veinteañeros que hablaran un poco más bajo porque no podían oír bien la música. Y qué hicieron? Callarse? Pedir perdón y hablar más bajito? Noooo, por favor. Lo que hicieron fue decir que estaban en la calle y que tenían derecho a hablar lo que quisieran, y que si no les gustaba que se fueran. Y eso hicieron, supongo que por no discutir. Mis padres y yo acabamos también por irnos, porque era imposible oír la música por el ruido de las conversaciones.

Es falta de educación? Falta de consideración? Falta de cultura? Es simplemente lo que hay hoy en día.

Cosas que me exasperan: mi médico de cabecera

Vale, sí, no es una cosa, es una persona, pero siempre hay algo de lo que hace que me acaba sacando de quicio. Llevo más dos años diciendo que me voy a cambiar, desde que decidió vendarme la pierna de pie a ingle por una rotura fibrilar de gemelo en pleno agosto y al día siguiente tuve que ir a urgencias porque me dolía todo menos el gemelo. Pero temo salir de guatemala para meterme en guatepeor.

Puedo llegar a entender que mi enfermedad le venga grande (oh, gran síndrome de ehlers danlos), pero por favor, investiga un poquito si tienes un paciente afectado! interésate en lo que le puede pasar… Sólo le he visto medianamente interesado cuando en la consulta había alguien en prácticas, pero recuerdo haberle tenido que corregir. Empezó con un “esto tuyo es mala suerte” y “cómo vas a tener ehlers danlos?”. Ahora, seis meses después de que me diagnosticaran en genética,  se debate entre “esto debe ser cosa del síndrome, por qué no lo preguntas a la gente de la asociación?” ( por cierto, se llama ANSEDH) o encogerse de hombros directamente mirándome con cara de “y qué quieres que haga?”

Lo último ha sido por un problema de estómago. Yo no sé si tiene que ver con el síndrome o no, aunque tiene muchas papeletas, pero después de dos meses de molestias se ha decidido a mandarme al médico especialista (para el que tengo que esperar tres meses) y, ahí está lo que me ha molestado más, no ha hecho ni una sola mención al ehlers danlos en la información clínica. Es capaz de no haberlo puesto ni en mi historial. Y por si fuera poco, no tiene actualizada la lista de alergias detectadas y ha puesto que hace 14 años tuve Pitiriasis rosada de Gilbert atípica, que a saber qué es eso y qué tiene que ver con el estómago. Por qué Gilbert sí y Ehlers no? algún problema a la hora de escribirlo?

Si es que no aprendo. Tengo que leer los informes antes de salir de la consulta y no fiarme de los médicos, porque ya me la han colado varias veces. La más sonada, un reumatólogo que de palabra me dijo que tenía ehlers danlos, y por escrito puso hipermovilidad articular, porque “aquí no se diagnostica esto”.  Eso sí, el hombre me dio el informe por escrito muy formalmente en un sobre cerrado, que por tonta no abrí hasta estar fuera del hospital.

A todo esto, a saber si el especialista tiene acceso a la historia clínica de genética, que es donde supuestamente me llevan, porque resulta que para digestivo me toca otro centro médico. Para que luego me recomienden ir al médico cada vez que me hago algo… para además de lesionada salir cabreada? no, gracias.

Cosas que me exasperan: los borrachos intentando ligar

Definitivamente es algo que odio. Y cuando digo borrachos, me refiero no sólo a los que ya no se tienen en pie, si no también a los que van pasados de copas y no son capaces de decir cosas coherentes, o se les nota como arrastran la lengua. La verdad es que me provocan vergüenza ajena.

Por desgracia en los últimos dos meses he tenido que sufrir a dos de estos especímenes que ojalá estuvieran en peligro de extinción. En ambos casos mi lado borde ha salido a relucir en todo su esplendor, y con razón.

El primero de ellos, un tío al que a las 11 de la noche el alcohol ya no le permitía hablar a una velocidad normal, se acercó al grupo en el que yo estaba, se me puso al lado y me soltó: “Cuando conozco a alguien con quien conecto me doy cuenta en seguida. A que tú y yo conectamos?” Me giré, puse cara de “tú eres idiota o te lo haces?” y le solté un NO tan rotundo que parpadeó varias veces antes de intentarlo otra vez: “eso es porque eres muy joven. Yo debo tener 10 años más que tú, por lo menos. Pasar de los 35 te hace más inteligente” Siiii, sobre todo más inteligente, y con un ojo para la edad que ni te imaginas. Sobre todo teniendo en cuenta que yo estaba a dos meses de cumplir los 40. Así que le volví a dedicar una mirada asesina, le dije “pues me alegro” con toda la bordería del mundo, y mis amigas y yo le dejamos allí plantado con cara de idiota.

El otro caso tuvo lugar ayer noche. Estaba con dos amigas, hablando en un bar, a las 10 y media aproximadamente (y digo la hora, porque no eran las 4 de la mañana precisamente) cuando en una de estas choqué con un individuo, que no estaba en su nivel máximo de coherencia que digamos. Se le cayó la chaqueta, le pedí perdón como persona bien educada que soy, y el tío aprovechó para iniciar una maniobra de acercamiento intentando ponerme su chaqueta  “porque hacía frío”, cuando dentro del bar hacía un calor que te morías. Me lo quité de encima lo más educadamente posible, pero poniendo en práctica mi mirada de “como te acerques te mato”. O eso creía yo. Como el espécimen en cuestión vio que conmigo picaba demasiado alto, lo intentó con una de mis amigas. Pero no directamente, por favor… En qué mente pensante cabe la idea de dirigirse a alguien directamente? Pues no en la de este hombre, por supuesto. No tuvo más idea de intentar acercarse a mi amiga a través de mí. Empezó: “Tu amiga es muy guapa, cómo se llama?”  A la primera pasamos de él. A la segunda, mi amiga se estaba poniendo nerviosa y yo me estaba empezando a cabrear. A la tercera, me giré y le dije: “Oye tío, basta ya, no? Si quieres saber cómo se llama alguien, coges y se lo preguntas, y si no tienes cojones de hacerlo, te jodes y nos dejas tranquilas” Digo yo que en ese momento, la cantidad de alcohol en su cerebro le permitió entender que molestaba y nos dejó tranquilas.

A mí me parece perfecto que la gente beba y se divierta. Que si quiere pasarse, que se pase, pero sólo pido que eso no afecte al resto del mundo. Es una falta de consideración y de respeto. Si no eres capaz de comportarte con dos copas de más, no tomes esas dos copas de más. Puedo llegar a comprender que alguien se tome una copa para desinhibirse un poco, aunque no lo comparta. Pero si ese alguien necesita beber hasta arrastrar la lengua para intentar ligar, que reflexione un poco sobre el tema. El resto del mundo tiene derecho a vivir tranquilo.

Cosas que me exasperan: la pachorra de algunos progenitores

Vale, de acuerdo, vivo en un país, y en una isla, donde la pachorra (dícese de la tranquilidad exagerada) campa a sus anchas y está definida a fuego en nuestra genética. Pero hay casos y casos, y si tu pachorra afecta a alguien, hay que reconsiderarla.

El caso que me exasperó sobremanera tuvo lugar hace unos días en la playa, lugar pachorril donde los haya. Tengo la sana costumbre de ir a la playa a última hora de la tarde, cuando ya se vacía de turistas y el sol no está en todo su esplendor. Pues ahí estaba yo, nadando plácidamente a eso de las 8 de la tarde, mientras mi toalla me esperaba extendida sobre la arena, cerca de la orilla, y mis trastos tirados sobre ella. La playa es grande y a esas horas había cuatro gatos.

En eso, aparecen dos mujeres, acompañadas por un bebé y dos niños de aproximadamente 10 años, que se sitúan a escasos metros de mis pertenencias. Eso ya me fastidia habiendo tanta playa, pero bueno, mientras yo esté en el agua… Sigo yo con mis ejercicios vespertinos, cuando se acercan todos a la orilla, justo delante de mi toalla. Todo relativamente normal, incluso se podría considerar normal que los niños llevaran una pelota para jugar. Son niños y es una playa. Lo que no me pareció normal fue que se pusieran a jugar usando mi toalla como red. Y lo que me puso de los nervios fue que las mujeres no les dijeran nada en absoluto. Incluso les devolvían la pelota  cuando la perdían.

Como el discutir no es algo que me guste, salí del agua, cogí mis cosas, y me fui varios metros a la derecha. Y ni los niños ni las mujeres se inmutaron. De hecho, seguían jugando con la pelota como si tal cosa.

Y es que es algo que no entiendo. Los niños es normal que jueguen, corran y hagan diabluras, pero si con sus cosas molestan o pueden romper algo que no es suyo, hay que llamarles un poco la atención. Básicamente para que aprendan a respetar lo que no suyo y a disculparse si molestan. Los niños juegan y si nadie les enseña que es mejor una cosa que otra, ellos no pueden aprenderlo.

Así que el problema no son los niños, son los padres que pasan completamente de lo que hacen sus hijos.  Yo sé que criar a un hijo debe ser algo muy complicado, y no sé si sería capaz, pero la actitud de estos padres me pone de los nervios.

Cosas que me exasperan: la cancioncita del taxi

El sábado fui con unas amigas a bailar un poquito de salsa, y derivados, a algunos locales del Paseo Marítimo.

Se nos ocurrió empezar por el brasileño, a por un poquito de samba. Por suerte era relativamente pronto y el local no estaba atestado, así que pudimos dedicarnos a hacer un poquito el tonto. Estabamos nosotras sambando cual reina del carnaval carioca, cuando, de repente, cambia el ritmo y suena esta canción ( Aviso: estas imágenes y estos sonidos pueden dañar a las personas sensibles )

Dios mío, qué es esto??? Nuestra cara es un poema, justo cuando hemos pillado el ritmo de la samba nos meten un reggaeton (o como se escriba) . Pero bueno, hemos ido a pasar un rato divertido y nos unimos a la juerga general. El problema es que la cancioncita es larga con ganas.

Cuando acaba la canción y vemos que la cosa sigue en ese plan, decidimos emigrar a Cuba, dos bares más abajo. Que la salsa siempre es buena ( tanto para comer como para bailar 😛 ) El ritmo está en el aire. Pero varias salsas, merengues y algunas bachatas después que suena? El dichoso Taxi. La primera vez ha tenido la gracia, la segunda resulta repetitiva.

Esta vez decidimos salir cuando se pone tan lleno que bailar sin chocarse con alguien se pone imposible. El local de al lado está medio vacio y suena una bachata, así que como sigue la temática de la noche decidimos entrar un segundito, a ver qué tal. Y, oh casualidad!  acaba la bachata y suena, por tercera vez esa noche, la cancioncita del taxi.

Nos miramos, nos reimos, y por cansinos con la dichosa canción, decidimos irnos a casa y dar por finalizada la noche de salsa. Menos mal que teníamos transporte, porque después de tres repeticiones de la cancioncilla sólo nos faltaba tener que coger un taxi 😛