Pensar en la muerte

En la tuya o en la de otros. Da igual. Tiene que ser agobiante.

Porque todos sabemos que vamos a morir. En algún momento. Aunque la mayoría no piensa que se acerca ese momento.

Pero y si te dan un plazo? y si eres anciano y tus amigos van muriendo? Entonces te lo planteas. Seguro.

Este último mes he visto algunas películas que tratan el tema. Es lo que tiene ir a un cine club con una temática mensual. La última fue Ikiru (Vivir) de Akira Kurosawa, que muestra cómo reacciona un hombre al que le diagnostican cáncer y no pueden hacer nada por él. Y la primera fue Mi vida sin mí, de Isabel Coixet. Misma idea, cambiando tiempo y género. Y la forma de reaccionar en ambos casos es totalmente diferente: uno intenta aprovechar el tiempo, la otra quiere dejarlo todo arreglado.

Pero, y si el pensamiento recurrente viene dado por la edad? Mi padre tiene 82 años, parkinson, y amigos que van muriendo. Estas navidades decía que a lo mejor son las últimas que celebra.

Cómo se debe vivir con esa idea en la cabeza? sea por una causa o por otra. Si estás bien y eres joven, ni te lo planteas. Lo sabes, pero no lo piensas. Porque lo “lógico” es morir de viejo. El problema es cuando sabes que el tiempo se va acabando…

Porque el tiempo se acabará en algún momento.

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Vivir con dolor

Desde hace algunos años, no recuerdo cuantos pues mi memoria es malísima, siempre tengo algo dolorido. Algo está ahí recordándome su existencia mediante el dolor. Más fuerte o más débil, pero siempre constante. Y eso puede llegar a agotar.

Sé que hay gente que piensa que soy una quejica, una hiponcondriaca y una exagerada, y me lo han dicho a la cara. Tanto profesionales médicos como personas de confianza. Ya no discuto por ello. A los médicos les puedo enseñar un diagnóstico, una bonita mutación genética en el colágeno que da lugar a no menos bonito y desconocido Síndrome de Ehlers Danlos. A la gente de mi alrededor… Pues a algunos no sé que decirles, paso de darles explicaciones, sobre todo porque a veces incluso yo me creo que exagero. Y estaría totalmente convencida de ello si no fuera porque la realidad me da una bofetada de vez en cuando, y mi cuerpo y los fisioterapeutas me piden que me cuide.

Son momentos en los que el dolor o las lesiones son varias a la vez, en los que andar me duele, escribir me duele, moverme me duele, comer me duele o simplemente me cuesta pensar. Esos momentos puedo afrontarlos de dos maneras: bien o mal. Y con mal me refiero a hundirme en el fango, llorar hasta hartarme, aislarme y preguntarme hasta cuándo. Por suerte cada vez menos veces bajo hasta el inframundo y me conformo con llegar hasta el sótano. Porque lo mejor es encararlo con deportividad, en plan: pues vale, que duela, ya dolerá menos un día de estos. De todas maneras es algo crónico, qué gano con autocompadecerme y querer que todo acabe si de todas maneras lo único que va a hacer es variar en intensidad?

Con esto no digo que haya que vivir en los mundos de yupi, porque el dolor está, y las lesiones están. Sólo digo, y me digo, que hay que aceptarlo pero no darse por vencida. Permitirse algún día de bajón, porque todos somos humanos y si el cuerpo pide parar, la mente también pide abrir el grifo y soltarlo todo. Pero es que es lo que hay, la vida no es perfecta, y vivir con dolor es una de sus múltiples variantes. Hay que intentar vivir con ello y a pesar de ello.

Volver con el maltratador

Qué nivel de descontrol y falta de autoestima tienen que tener las mujeres que vuelven con su maltratador? de qué manera la persona que les hace daño mina su personalidad para que actúen de esta manera?

Hace poco me enteré de que una conocida había vuelto con el hombre que la maltrataba. Un hombre que controlaba su dinero, su móvil, que la tachaba de mala madre, mala esposa y que cuando llegó a las manos y ella denunció, le hizo la vida imposible.

Viéndolo desde fuera, no se entiende que haya vuelto con él… o sí? no, no se entiende si se piensa con lógica, pero se puede llegar a entender (que no compartir) si el susodicho consigue convencerla de que no es nada sin él, de que todo lo que le pasa es porque se lo merece y de que si se porta bien, él no volverá a amenazar ni a actuar en consecuencia. Porque no es la primera vez que lo veo, sobre todo en maltrato a nivel psicológico.

Ella se lo cree y vuelve a caer en sus redes

Y el resto qué hacemos? Mi instinto primario es hablar con ella, pero claro, eso depende del grado de abducción y de confianza. A él le he retirado la palabra de por vida ( y no es al primero), y como me entere que le pone la mano encima a ella o a los niños, llamo a la policía aunque estén en Laponia.

Pero por desgracia, seguro que no me enteraré. Ni yo ni los que no estamos cerca de ella. Porque lo esconderán, porque en las redes sociales saldrán sonrientes, porque evitarán el tema, porque evitarán a según que personas,…

Ojalá pudiera decir que esto acabará algún día, que no habrá mujeres a merced de hombres que piensan que son sus dueños. Pero por ahora sólo es un sueño.

Dar las gracias emociona

Siempre he sido muy de agradecer las cosas, tanto por educación como por sentimiento. Si alguien hace algo por ti, lo mínimo es agradecérselo. Luego ya se complementarán las gracias si ha lugar.

El caso es que, a veces, las gracias no son un mero formalismo, si no algo que viene de dentro. Un sentimiento sincero que te toca la fibra y hace que broten emociones de forma incontrolada.

Llevo unos cuantos años en que algunas acciones provocan en mí tal sentimiento de gratitud, que a veces me desborda la emoción y acabo llorando. Puede ser una simple llamada, una pregunta interesándose por mí o ayudarme en algo que sea importante para mí.

Este fin de semana he recibido tanto apoyo y he dado tanto las gracias, y de manera tan sincera, que las lágrimas hicieron acto de presencia al final del día. Y dejé que brotaran. Qué sentido tiene no llorar cuando lo haces por algo bueno?