Cosas que me exasperan: las motos mal aparcadas

Pues sí, me ponen de los nervios.

Cuando vives en un sitio donde hay mucho vehículo y poco espacio para aparcar, ver una moto aparcada a sus anchas, ocupando tanto como un coche, me exaspera. Sobre todo si llevas un rato dando vueltas en busca del hueco perdido.

Y qué decir de las motos que, de repente, aparecen entre dos coches aparcados, dificultando al máximo la maniobra de “desaparcar”. Cuando tienes que sacar el coche y te encuentras en una situación así, te encomiendas a todos los dioses habidos y por haber para no tirar la moto. Y si consigues salir, estás seguro de encontrar el mismo sitio al volver porque no habrá ser humano capaz de meter un coche sin derribar el motorizado obstáculo.

Existe lo que conoce como “espacio reservado para motos”, un bonito trozo de asfalto encuadrado por una raya amarilla en el que un coche no puede entrar. Pero no existe un espacio reservado para coches en el que las motos no puedan aparcar. ¿Por qué?  Incluso hay gente que deja las motos encima de la acera sin que les suponga un perjuicio. ¿A qué viene tal impunidad? ¿Son acaso las motos las reinas del asfalto ciudadano?

Pues no.

A ver, no digo que se multe a diestro y siniestro a los vehículos de dos ruedas. Tampoco es eso (aunque los hay que se lo estén buscando) . Lo ideal sería favorecer la convivencia entre todos. ¿Qué tal aprovechar los huecos entre garajes con vado? En mi barrio los hay tan pequeños que casi no cabe un coche de esos sin carnet. Pues en todos esos huecos se podría habilitar un parking para motos, que seguro que caben unas cuantas. Y si no, en alguna esquina, y así de paso no aparcaría ningún coche mastodóntico que impida ver si vienen vehículos hacia el cruce. No sé, seguro que hay expertos en la materia que podrían poner a funcionar su ídem gris para solucionar el problema.

Mientras tanto, seguiré poniéndome de los nervios cada vez que esté buscando sitio para aparcar y me lo haya arrebatado una moto.

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Cosas que me hacen sonreír

Concierto para orquesta y máquina de escribir

Tuve el placer de verlo en directo el sábado con la Film Symphony Orchestra y lloraba de la risa con la actuación del “solista”

Esta melodía se hizo famosa por salir en la película “Lío en los grandes almacenes”, con el genial Jerry Lewis

Sufriendo en silencio

No, tranquilos, no voy a hablar de un anuncio de hemorroides 😛 Es un tema un poco más serio, aunque no pueda evitar poner el toquecito de humor al principio.

Quería hablar de lo que es tener la sensación de estar quejándose todo el tiempo, y acabar por no contar nada. Esa sensación de hartazgo de una misma, de pensar: “si yo ya estoy hasta arriba de quejarme, ni me imagino cómo debe estar el resto” Porque si no es una cosa es la otra, porque si no me duele aquí, me duele allí y si no, ha pasado algo que me preocupa. Y aunque la teoría dice que hay que hablar y no ir acumulando, llega un momento en que ni te apetece hablar. Porque para qué? Tampoco tengo mucho tema más de conversación.

Si me preguntan, tiro del tan socorrido, “va bien”, o de humor cómo al principio del post. O evito la pregunta para no mentir. Porque hay personas a las que no puedo, a las que no quiero mentir. Funciono mucho con la evitación, lo que no es lo más recomendado. Lo admito.

Una amiga, que murió hace ya algunos años, me decía que ella no era partidaria de preguntar “qué tal?” de buenas a primeras, porque la mayoría de gente no quería saber la respuesta de verdad, si no que lo hacía por puro convencionalismo. Cuando ella me lo preguntaba, sabía que era porque de verdad quería saber cómo estaba.  Y en momentos como estos me acuerdo mucho de ella y de su filosofía de vida.

Y diréis: “sí mucho sufrir en silencio, como con las hemorroides, pero suelta el rollo en el blog”. Pues sí, aquí suelto todo…..pero no me oye nadie 😛 😛 😛

 

Pensar en la muerte

En la tuya o en la de otros. Da igual. Tiene que ser agobiante.

Porque todos sabemos que vamos a morir. En algún momento. Aunque la mayoría no piensa que se acerca ese momento.

Pero y si te dan un plazo? y si eres anciano y tus amigos van muriendo? Entonces te lo planteas. Seguro.

Este último mes he visto algunas películas que tratan el tema. Es lo que tiene ir a un cine club con una temática mensual. La última fue Ikiru (Vivir) de Akira Kurosawa, que muestra cómo reacciona un hombre al que le diagnostican cáncer y no pueden hacer nada por él. Y la primera fue Mi vida sin mí, de Isabel Coixet. Misma idea, cambiando tiempo y género. Y la forma de reaccionar en ambos casos es totalmente diferente: uno intenta aprovechar el tiempo, la otra quiere dejarlo todo arreglado.

Pero, y si el pensamiento recurrente viene dado por la edad? Mi padre tiene 82 años, parkinson, y amigos que van muriendo. Estas navidades decía que a lo mejor son las últimas que celebra.

Cómo se debe vivir con esa idea en la cabeza? sea por una causa o por otra. Si estás bien y eres joven, ni te lo planteas. Lo sabes, pero no lo piensas. Porque lo “lógico” es morir de viejo. El problema es cuando sabes que el tiempo se va acabando…

Porque el tiempo se acabará en algún momento.