“Ser mujer negra en España”

“Ser mujer negra en España” es el libro que ha escrito la activista Desirée Bela-Lobedde (https://www.desireebela.com/) en el que explica cómo vive y qué sufre una mujer negra española.

Mi interés en el libro vino a raíz de varias entrevistas que oí en la radio y que llamaron mi atención. Mi mente relación las actitudes de “micro-racismo” que explicaba la autora en las entrevistas con las que conozco de micro-machismo. Cosas que están incrustadas en nuestra vida de cada día y de las que no somos conscientes hasta que alguien nos lo hace ver.

Pues yo decidí que quería verlas, para ser consciente y para evitarlas.

Así que ni corta ni perezosa (y eso que últimamente me cuesta la vida ponerme a leer algo) me hice con el libro. Y debo decir que ha estado a la altura de mis expectativas. Además de hacerme reflexionar, cosa que supongo que está entre los objetivos de la autora.

Nunca me había planteado que los conguitos o el anuncio de cola-cao pudieran ser usados para insultar a alguien. O lo que puede molestar que presupongas que una persona es extranjera simplemente porque es de otra raza. De hecho, uno de los ejemplos que pone me  recordó una conversación que oí en el bus hace un tiempo, entre dos mujeres con niños en un cochecito: una con velo y la otra sin velo. La segunda le soltó a la primera un “hablas muy bien español, llevas mucho tiempo aquí?” , a lo que la primera contestó “toda la vida, nací aquí”

Todos somos personas, seamos de donde seamos y sea cual sea el color de nuestra piel. No tiene ningún sentido discriminar o insultar a alguien por el hecho de que no sea igual que tu, simplemente porque nadie es realmente igual a nadie

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Mis años encorsetada

Llevo tiempo pensado en escribir esta entrada.

Llevo tiempo pensando en cómo contar aquellos años.

Llevo tiempo reflexionando sobre si es conveniente hacerlo.

Y he decidido que ya es hora. Por mí y por quien pueda sentirse aludido o reflejado.

En la actualidad tengo 43 años y estoy diagnosticada del Síndrome de Ehlers Danlos, una enfermedad poco frecuente provocada por la mutación del gen del colágeno, que puede provocar desde tendinitis, subluxaciones o roturas fibrilares hasta prolapsos y perforaciones en órganos internos en los casos más graves.

Pero eso no lo sabía cuando tenía 11 años. Yo era una niña cuya máxima ilusión era llegar algún día a participar en unos juegos olímpicos en el equipo de natación sincronizada. No lo sabía yo, ni lo sabían los médicos que me descubrieron una escoliosis.

Para los que no lo sepan, la escoliosis es una desviación de la columna vertebral, muy típica en casos de ehlers danlos. En mi caso la desviación era tanto a nivel dorsal como a nivel lumbar. Vamos, que mi columna hacía una bonita S, con más de 30º de desviación en la curva superior. Esa desviación era preocupante porque, según el médico: “podría provocar problemas de corazón”.

La solución fue bastante drástica: abandonar la natación sincronizada, la gimnasia del colegio, ir a rehabilitación y poner un corsé tipo milwuakee.

CORSE-MILWAUKEE

(http://www.centroortopedicosanitario.es/wp-content/uploads/CORSE-MILWAUKEE.jpg)

Como podéis ver, se trata de un corsé de plástico en la zona lumbar, del cual salen unos hierros que llegan hasta la cabeza y que la aguantan, de manera que vas completamente estirada todo el rato. Al mío le añadieron un trozo de cuero que me levantaba el hombro izquierdo, que por causa de la desviación siempre llevaba más bajo que el derecho.

El impacto visual es bastante fuerte, aunque en el momento a mí lo que me sentó peor fue tener que dejar la natación sincronizada. No fui realmente consciente en aquel entonces de las consecuencias psicológicas que puede acarrear llevar ese corsé durante 5 años. Cinco años que comprendieron toda mi adolescencia.

Llevé el corsé de los 12 años a los 17, casi los 18. Cada día. Cada noche. Solo me lo quitaba para hacer rehabilitación, nadar y ducharme. Hice lo que yo creía una vida normal: estudiaba, tenía algunas amigas (que conservo por suerte), incluso me fui de acampada un par de veces y de viaje de estudios. Pero visto con perspectiva, no fue una adolescencia que se pueda considerar “estándar”

Me dediqué básicamente a estudiar. No salía de marcha, que era lo que hacía la juventud de mi época. Estaba en mi mundo, como he descubierto no hace mucho, como modo de defensa.

Y es que la adolescencia es muy mala, y los adolescentes pueden serlo más. Sí, tenía amigas: 2 exactamente. Amigas que estuvieron allí, que siguen estando y a las que quiero como si fueran mis hermanas. Pero ya. La gente me rehuía, y yo en consecuencia rehuía a la gente. No me lo decían a la cara, pero yo sabía que me llamaban robot. Y los chicos solo se me acercaban para pedirme apuntes y gracias (es lo que tiene ser una empollona). Físicamente no era muy agradable, lo admito. Unos hierros aguantándote la cabeza y deformando tu forma física en plena adolescencia. A eso se le añade una personalidad tímida desde niña con dificultad para hacer amigos, una autoestima que en esa época empezó a bajar al subsuelo y la única dedicación a los libros, y el resultado es una bomba de relojería que explota en cualquier momento. Aunque sea 30 años después.

Tengo que agradecer que físicamente el corsé evitara problemas más graves, incluso una intervención para ponerme los hierros de manera interna, incrustados junto a la columna vertebral para mantenerla recta. Pero psicológicamente, y visto con perspectiva, esos cinco años de corsé fueron mi bajada a un sótano donde nunca me he sentido bien conmigo misma, ni física ni mentalmente. Evito el contacto físico, podría vivir perfectamente sin un espejo porque prefiero no verme, siempre pienso que nada de lo que hago está bien, y si puedo no le cuento mis problemas a nadie… De vez en cuando salgo de ese sótano, mi autoestima sube un par de pisos, aguanta allí un tiempo y luego se vuelve a su sitio. Que supongo que es donde debe estar más cómoda.

Quizás me salve y me condene al mismo tiempo mi cabezonería, no lo sé. Quizás todo esto se hubiera evitado con ayuda psicológica durante eso años de corsé. Quizás simplemente en el fondo no quiera mejorar porque no sé vivir de otra manera. A saber. Solo sé que, tras pensarlo mucho, he decidido contarlo. No para dar pena, que es lo último que quiero, sino para que si alguien se encuentra en esa situación se plantee pedir ayuda a tiempo. O para que si alguien conoce a una persona pasando por eso, sepa qué puede significar para ella.

 

Cosas que me hacen sonreír

Me gusta la música clásica desde que tengo memoria, y me encanta escuchar obras de piano.

Hace poco descubrí a James Rhodes, un pianista inglés afincado en España, que consigue sacarme una sonrisa en prácticamente todas sus intervenciones, ya sean en radio, televisión o (sobre todo) twitter. De hecho creo que es la única persona no relacionada con la salud que sigo en twitter.

Sus ganas de vivir, su ilusión por aprender cosas nuevas, su emoción cuando toca o cuando habla de lo que sea, hacen que esboce una sonrisa, incluso a veces una carcajada.

Me alegro de haberle descubierto

https://www.jamesrhodes.tv/

 

 

La historia es cíclica

O eso es lo que dicen, que al final la historia se repite, que los acontecimientos acaban siendo los mismos cada cierto tiempo. Pero por qué? Pues según mi teoría, porque la gente no piensa, no estudia historia y porque el egocentrismo campa a sus anchas.

Ya hace tiempo que me da miedo la existencia de los neonazis en Alemania y Austria, los partidos de ultraderecha en los países del este de Europa, o el auge de Le pen en Francia o de la Liga Norte en Italia.  Así que desde que empezaron a hablar de un nuevo partido de ultraderecha y empezaron a dar en las noticias las colas de gente yendo a la tumba de Franco, el temor y las malas vibraciones se apoderaron de mí.

Vaya por delante que no he leído el programa de esta gente para las elecciones andaluzas, así que sólo puedo opinar de lo que he visto en las noticias, y lo que he oído decir a su líder en varias entrevistas. Y lo que dice me deja boquiabierta y ojiplática.

Pues no suelta este hombre que quiere quitar la ley de violencia de género? y la de memoria histórica, y quitar las autonomías, y expulsar a los extranjeros… Sólo le falta decir que con Franco se vivía mejor (eso si no lo ha dicho)

En serio, lo poco que le oído a él, y a Trump, y a Salvini, y a Le Pen me suena tanto al discurso de Hitler, Musolini o Franco, que no entiendo cómo los que le votan no se dan cuenta.

Probablemente no saben que Hitler ganó unas elecciones antes del Holocausto, y que prometía lo mismo que prometen estos nuevos partidos de ultraderecha. Es populismo unido al odio a lo diferente. Una sarta de mentiras que mucha gente se cree y que en una ocasión acabó en millones de muertos y en una guerra mundial.

Por qué no se explica mejor quienes eran los fascistas del siglo pasado y todo el daño que hicieron?

La única manera de no repetir la historia es conociéndola