Reflexiones desde el hospital

 

Son la 1 y cuarto de la madrugada y estoy en una habitación de un hospital cuidando a mi padre, que tanto puede recuperarse como no. Y eso te hace pensar mucho.

Por una parte, ratifico mi idea de que yo quiero morir rápido, sin darme cuenta, si es posible. Sufrir por sufrir es tontería. Quizás es algo a plantearse a nivel personal y general. Por qué no lo permiten?

Por otra parte, parece mentira que la cabeza y el corazón se nieguen a admitir lo que en el fondo es ley de vida. Que tus padres, por mucho que los quieras, acabarán sus vidas en cualquier momento. Los has tenido siempre ahí y parecen eternos e invencibles, pero no lo son. Son personas, como las demás.

Y para acabar, me planteo la injusticia de la falta de conciliación en el trabajo. Cómo te pueden dar 3 días por enfermedad grave de un familiar? Si es grave, en 3 días no está la cosa arreglada. Conozco a más de dos que, o dejan el trabajo, o contratan a alguien para  cuidar de la persona enferma.

Lo dicho,  que una noche en blanco da para pensar mucho.

 

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11 de abril: Día mundial del parkinson

Hoy es el día mundial del parkinson, y toca concienciar al mundo de lo que es esta enfermedad. Una enfermedad neurodegenerativa que afecta a unas 3 de cada 1000 personas.

Hace tiempo que la conozco. Primero por una tía de mi padre, ahora por mi padre. Y ahora es cuando me he dedicado a buscar información.

Cuando le diagnosticaron parkinson a mi padre nadie nos dijo lo que podía pasar. Por lo general, la gente asocia parkinson con temblor. Y sí, pero no. Porque el temblor es solo uno de sus múltiples síntomas: falta de olfato, rigidez, problemas para comer, para hablar, deterioro cognitivo, alucinaciones,…

Como en todo, no tienes porque sufrir todas y cada una de las afecciones relacionadas. Y como todo, a lo mejor la enfermedad te deja llevar una vida normal durante mucho tiempo. Un buen ejemplo es Michael J. Fox, una de las caras visibles del parkinson, diagnosticado a los 30 y pocos años.

Porque algo que tampoco se conoce por la gente en general es que no tienes porque ser viejo para tener parkinson. O que en un 10% de los casos es algo hereditario, pero en el resto no tienen ni idea de porqué se tiene…

En conclusión, que a la gente le suena el nombre, pero falta información. Por eso existen estos días. Y por eso he escrito esta entrada

Cosas que me hacen sonreír

Concierto para orquesta y máquina de escribir

Tuve el placer de verlo en directo el sábado con la Film Symphony Orchestra y lloraba de la risa con la actuación del “solista”

Esta melodía se hizo famosa por salir en la película “Lío en los grandes almacenes”, con el genial Jerry Lewis

Sufriendo en silencio

No, tranquilos, no voy a hablar de un anuncio de hemorroides 😛 Es un tema un poco más serio, aunque no pueda evitar poner el toquecito de humor al principio.

Quería hablar de lo que es tener la sensación de estar quejándose todo el tiempo, y acabar por no contar nada. Esa sensación de hartazgo de una misma, de pensar: “si yo ya estoy hasta arriba de quejarme, ni me imagino cómo debe estar el resto” Porque si no es una cosa es la otra, porque si no me duele aquí, me duele allí y si no, ha pasado algo que me preocupa. Y aunque la teoría dice que hay que hablar y no ir acumulando, llega un momento en que ni te apetece hablar. Porque para qué? Tampoco tengo mucho tema más de conversación.

Si me preguntan, tiro del tan socorrido, “va bien”, o de humor cómo al principio del post. O evito la pregunta para no mentir. Porque hay personas a las que no puedo, a las que no quiero mentir. Funciono mucho con la evitación, lo que no es lo más recomendado. Lo admito.

Una amiga, que murió hace ya algunos años, me decía que ella no era partidaria de preguntar “qué tal?” de buenas a primeras, porque la mayoría de gente no quería saber la respuesta de verdad, si no que lo hacía por puro convencionalismo. Cuando ella me lo preguntaba, sabía que era porque de verdad quería saber cómo estaba.  Y en momentos como estos me acuerdo mucho de ella y de su filosofía de vida.

Y diréis: “sí mucho sufrir en silencio, como con las hemorroides, pero suelta el rollo en el blog”. Pues sí, aquí suelto todo…..pero no me oye nadie 😛 😛 😛

 

Pensar en la muerte

En la tuya o en la de otros. Da igual. Tiene que ser agobiante.

Porque todos sabemos que vamos a morir. En algún momento. Aunque la mayoría no piensa que se acerca ese momento.

Pero y si te dan un plazo? y si eres anciano y tus amigos van muriendo? Entonces te lo planteas. Seguro.

Este último mes he visto algunas películas que tratan el tema. Es lo que tiene ir a un cine club con una temática mensual. La última fue Ikiru (Vivir) de Akira Kurosawa, que muestra cómo reacciona un hombre al que le diagnostican cáncer y no pueden hacer nada por él. Y la primera fue Mi vida sin mí, de Isabel Coixet. Misma idea, cambiando tiempo y género. Y la forma de reaccionar en ambos casos es totalmente diferente: uno intenta aprovechar el tiempo, la otra quiere dejarlo todo arreglado.

Pero, y si el pensamiento recurrente viene dado por la edad? Mi padre tiene 82 años, parkinson, y amigos que van muriendo. Estas navidades decía que a lo mejor son las últimas que celebra.

Cómo se debe vivir con esa idea en la cabeza? sea por una causa o por otra. Si estás bien y eres joven, ni te lo planteas. Lo sabes, pero no lo piensas. Porque lo “lógico” es morir de viejo. El problema es cuando sabes que el tiempo se va acabando…

Porque el tiempo se acabará en algún momento.