Cosas que me hacen sonreír

Concierto para orquesta y máquina de escribir

Tuve el placer de verlo en directo el sábado con la Film Symphony Orchestra y lloraba de la risa con la actuación del “solista”

Esta melodía se hizo famosa por salir en la película “Lío en los grandes almacenes”, con el genial Jerry Lewis

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Sufriendo en silencio

No, tranquilos, no voy a hablar de un anuncio de hemorroides 😛 Es un tema un poco más serio, aunque no pueda evitar poner el toquecito de humor al principio.

Quería hablar de lo que es tener la sensación de estar quejándose todo el tiempo, y acabar por no contar nada. Esa sensación de hartazgo de una misma, de pensar: “si yo ya estoy hasta arriba de quejarme, ni me imagino cómo debe estar el resto” Porque si no es una cosa es la otra, porque si no me duele aquí, me duele allí y si no, ha pasado algo que me preocupa. Y aunque la teoría dice que hay que hablar y no ir acumulando, llega un momento en que ni te apetece hablar. Porque para qué? Tampoco tengo mucho tema más de conversación.

Si me preguntan, tiro del tan socorrido, “va bien”, o de humor cómo al principio del post. O evito la pregunta para no mentir. Porque hay personas a las que no puedo, a las que no quiero mentir. Funciono mucho con la evitación, lo que no es lo más recomendado. Lo admito.

Una amiga, que murió hace ya algunos años, me decía que ella no era partidaria de preguntar “qué tal?” de buenas a primeras, porque la mayoría de gente no quería saber la respuesta de verdad, si no que lo hacía por puro convencionalismo. Cuando ella me lo preguntaba, sabía que era porque de verdad quería saber cómo estaba.  Y en momentos como estos me acuerdo mucho de ella y de su filosofía de vida.

Y diréis: “sí mucho sufrir en silencio, como con las hemorroides, pero suelta el rollo en el blog”. Pues sí, aquí suelto todo…..pero no me oye nadie 😛 😛 😛

 

Pensar en la muerte

En la tuya o en la de otros. Da igual. Tiene que ser agobiante.

Porque todos sabemos que vamos a morir. En algún momento. Aunque la mayoría no piensa que se acerca ese momento.

Pero y si te dan un plazo? y si eres anciano y tus amigos van muriendo? Entonces te lo planteas. Seguro.

Este último mes he visto algunas películas que tratan el tema. Es lo que tiene ir a un cine club con una temática mensual. La última fue Ikiru (Vivir) de Akira Kurosawa, que muestra cómo reacciona un hombre al que le diagnostican cáncer y no pueden hacer nada por él. Y la primera fue Mi vida sin mí, de Isabel Coixet. Misma idea, cambiando tiempo y género. Y la forma de reaccionar en ambos casos es totalmente diferente: uno intenta aprovechar el tiempo, la otra quiere dejarlo todo arreglado.

Pero, y si el pensamiento recurrente viene dado por la edad? Mi padre tiene 82 años, parkinson, y amigos que van muriendo. Estas navidades decía que a lo mejor son las últimas que celebra.

Cómo se debe vivir con esa idea en la cabeza? sea por una causa o por otra. Si estás bien y eres joven, ni te lo planteas. Lo sabes, pero no lo piensas. Porque lo “lógico” es morir de viejo. El problema es cuando sabes que el tiempo se va acabando…

Porque el tiempo se acabará en algún momento.

Vivir con dolor

Desde hace algunos años, no recuerdo cuantos pues mi memoria es malísima, siempre tengo algo dolorido. Algo está ahí recordándome su existencia mediante el dolor. Más fuerte o más débil, pero siempre constante. Y eso puede llegar a agotar.

Sé que hay gente que piensa que soy una quejica, una hiponcondriaca y una exagerada, y me lo han dicho a la cara. Tanto profesionales médicos como personas de confianza. Ya no discuto por ello. A los médicos les puedo enseñar un diagnóstico, una bonita mutación genética en el colágeno que da lugar a no menos bonito y desconocido Síndrome de Ehlers Danlos. A la gente de mi alrededor… Pues a algunos no sé que decirles, paso de darles explicaciones, sobre todo porque a veces incluso yo me creo que exagero. Y estaría totalmente convencida de ello si no fuera porque la realidad me da una bofetada de vez en cuando, y mi cuerpo y los fisioterapeutas me piden que me cuide.

Son momentos en los que el dolor o las lesiones son varias a la vez, en los que andar me duele, escribir me duele, moverme me duele, comer me duele o simplemente me cuesta pensar. Esos momentos puedo afrontarlos de dos maneras: bien o mal. Y con mal me refiero a hundirme en el fango, llorar hasta hartarme, aislarme y preguntarme hasta cuándo. Por suerte cada vez menos veces bajo hasta el inframundo y me conformo con llegar hasta el sótano. Porque lo mejor es encararlo con deportividad, en plan: pues vale, que duela, ya dolerá menos un día de estos. De todas maneras es algo crónico, qué gano con autocompadecerme y querer que todo acabe si de todas maneras lo único que va a hacer es variar en intensidad?

Con esto no digo que haya que vivir en los mundos de yupi, porque el dolor está, y las lesiones están. Sólo digo, y me digo, que hay que aceptarlo pero no darse por vencida. Permitirse algún día de bajón, porque todos somos humanos y si el cuerpo pide parar, la mente también pide abrir el grifo y soltarlo todo. Pero es que es lo que hay, la vida no es perfecta, y vivir con dolor es una de sus múltiples variantes. Hay que intentar vivir con ello y a pesar de ello.

Volver con el maltratador

Qué nivel de descontrol y falta de autoestima tienen que tener las mujeres que vuelven con su maltratador? de qué manera la persona que les hace daño mina su personalidad para que actúen de esta manera?

Hace poco me enteré de que una conocida había vuelto con el hombre que la maltrataba. Un hombre que controlaba su dinero, su móvil, que la tachaba de mala madre, mala esposa y que cuando llegó a las manos y ella denunció, le hizo la vida imposible.

Viéndolo desde fuera, no se entiende que haya vuelto con él… o sí? no, no se entiende si se piensa con lógica, pero se puede llegar a entender (que no compartir) si el susodicho consigue convencerla de que no es nada sin él, de que todo lo que le pasa es porque se lo merece y de que si se porta bien, él no volverá a amenazar ni a actuar en consecuencia. Porque no es la primera vez que lo veo, sobre todo en maltrato a nivel psicológico.

Ella se lo cree y vuelve a caer en sus redes

Y el resto qué hacemos? Mi instinto primario es hablar con ella, pero claro, eso depende del grado de abducción y de confianza. A él le he retirado la palabra de por vida ( y no es al primero), y como me entere que le pone la mano encima a ella o a los niños, llamo a la policía aunque estén en Laponia.

Pero por desgracia, seguro que no me enteraré. Ni yo ni los que no estamos cerca de ella. Porque lo esconderán, porque en las redes sociales saldrán sonrientes, porque evitarán el tema, porque evitarán a según que personas,…

Ojalá pudiera decir que esto acabará algún día, que no habrá mujeres a merced de hombres que piensan que son sus dueños. Pero por ahora sólo es un sueño.