No quiero dar pena

Cuando tengo una mala racha físicamente, y alguien me pregunta cómo estoy, tengo tres opciones: o decir que bien, y ahí se acabó la conversación, o hacer cachondeo con mis lesiones, o contar la verdad. La tercera opción queda reservada a momentos y personas clave.

Y esta semana he acudido a esa última opción alguna vez. El resultado, en una de las ocasiones, ha sido el último que quiero: que sientan lástima por mí.

Sí, tengo una enfermedad crónica. Sí, tengo malas rachas en las que se me acumulan lesiones. Sí, tengo días en los que los ánimos me abandonan. Pero cuando se lo cuento a alguien, lo que no busco es dar pena. No quiero que sientan lástima. Entiendo que puede ser una primera reacción. Probablemente yo también la tendría. Entiendo también que lo hacen desde el cariño. Pero mi intención no es que piensen: “pobrecita”. Mi intención es mostrar mi confianza en la persona que me escucha, quizás desahogarme con alguien, quizás buscar un poco de apoyo, un poco de cariño, quizás simplemente hablar… Sé que es difícil acertar en una situación así.

Simplemente no quiero dar pena a nadie. No quiero que nadie sienta lástima por mí.

Simplemente me basta con que los que están, sigan ahí.

PD: a los que estáis siempre ahí, todo el amor y cariño que no sé cómo dar

Beatriz Vaquero, la voz del Ehlers Danlos en Menorca

Esta semana he tenido la suerte de pasar un par de días con con una gran mujer, Beatriz Vaquero. Beatriz es una persona de las que no abundan, y yo estoy encantada de haber coincidido con ella.

Aunque podría cantar mil y una bondades sobre ella, porque las hay, me voy a centrar en su proyecto más inmediato: un canal de youtube desde donde muestra al mundo cómo es vivir teniendo el Síndrome de Ehlers Danlos. En sus vídeos cuenta sus síntomas, sus visitas al médico y que estar enfermo no significa quedarse en casa, en la cama, todo día.

Os dejo aquí el enlace a su canal, donde podréis ver todos sus vídeos

canalBeatrizVaquero

 

Maltratadas

Llevo unos días pensando si escribir esto, o no. En cómo escribirlo. Si desde el corazón o desde la cabeza. Y es que últimamente el tema de la violencia de género, del maltrato, me ha tocado de cerca. No directamente por suerte, pero sí a amigas. Sí, en plural. Y sí, no me lo hubiese imaginado nunca.
Porque muchas veces no lo ves. Se esconden. Por miedo. Por vergüenza. Porque “tampoco era para tanto”, hasta que lo es. Porque “ellos sabrán lo que hacen”
Pero cuando te cuentan que su pareja se enfada si ha movido un jarrón de sitio; si cuando se enfada le quita el móvil; si cuando él no está, se enfada si sale; si cuando hace algo que le gusta, no se lo cuenta para evitar líos;…. Entonces, algo no anda bien.
Y si ella no actúa, los amigos tendríamos que hacer alguna cosa.
Porque luego puede acabar amenazándola, dejándola sin un duro, estampándola contra la pared, obligándole a contar mentiras, dejándola con la moral y la autoestima a nivel del subsuelo, acusándola de mentirosa y loca delante de las autoridades.
De las mujeres que conozco, algunas han denunciado. Otras, que todavía no han sufrido maltrato físico (hasta donde yo sé), no ven que están siendo anuladas psicológicamente. Se dan la culpa de que él se enfade a la mínima, “porque el pobre lo ha pasado muy mal antes” Y cada vez que las oigo disculparlos, me hierve la sangre. Cuando una de ellas soltó un día que “es que a mi marido tengo que cuidarle, que si no se va con otra” o “me dice que soy una mala madre, pero es que tiene razón” o “es que no le gusta que vaya a trabajar”, por poco me da un colapso y le suelto cuatro cosas al marido, que se libró por no estar allí y porque le he retirado la palabra de por vida.
Y no considero que sean mujeres tontas, están bien formadas, tienen estudios, eran felices y divertidas, buenas amigas y buenas personas, pero sus parejas han conseguido que se crean menos de lo que son, que desaparezcan. Que se crean que la culpa es su suya y que se lo merecen. Y lo peor no es solo que les pase, que ya es una de las peores cosas que pueden ocurrir, si no que lo ignoramos, queriendo o no, que admitimos según qué conductas a pequeñas dosis que luego se vuelven grandes y seguimos admitiéndolas, que pensamos que son cosas de pareja.
Pero nadie, absolutamente nadie, merece menosprecio, violencia psicológica ni maltrato físico.
Nadie, absolutamente nadie, merece estar bajo el yugo de otra persona.
Nadie, absolutamente nadie, merece ser ninguneado, amenazado, vivir muerto del miedo.
Nadie se merece ser menos por ser quien es.
Sea quien sea.